
Eran entre las 5 y las 6 de la tarde y yo ya tenía puesta mi mente en que iba a merendar. Mi familia diría “tomar el té”, ya que merendar según ellos es ordinario, tenganlo en cuenta, pero no puedo dejar de decir merendar luego de una experiencia de mi niñez en la que le dije a una amiga que vayamos a tomar el té, y ella respondió huácale, no me gusta el té, tomemos chocolate, a lo que yo le dije, sí vamos a tomar chocolate pero dije té porque así se dice, a lo que ella me dice, por qué decís té si vas a tomar leche? Decí que vas a tomar la leche, o sino merendar que es general. Tuvo todo el sentido del mundo. Yo meriendo.
En fin, entonces pasa A con un paquete de vainillas, en ese momento hago un pequeño examen mental de las calorías, las grasas y las energías que ya vine acumulando durante el día y las que necesitaba para el resto, y decidí ir por un paquete de vainillas.
Llego, pongo las fichas y el círculo que tiene las vainillas para que no se caigan empieza a girar, termina de girar, y las vainillas no caen. Sucede que el pedacito que quedo sin dar vuelta es suficiente para mantenerlas suspendidas entre mis ganas y su inanimadez. Miro hacia los costados, nadie. Bueno todos sabemos que hacer en estos momentos. Con toda la delicadeza de la dama que soy empiezo a golpear y mover el aparato este lleno de chatarras sin ningún resultado. Miro mis vainillas y recuerdo la vez que fui al aparato y había otro paquete de galletas atorado, y vino un tipo con mucha experiencia y saco unas gaseosas que estaban en la fila de arriba y el golpe tiró las galletas, física básica. Yo no tenía gaseosas arriba, así que opte por invertir 1,50 más y sacar otro paquete de vainillas, y quizás la presión tire ambas. La espiral empieza a girar, el segundo paquete empuja al primero, pero no hacia delante, sino hacia el costado. El primer paquete gira, y con el ancho de las 6 vainillas que no me iba a comer, se engancha con el vidrio que nos separaba. Mientras, el segundo paquete que pretendía seguir su camino de frente se encontró trabado por la ostinada punta del primero que cual patoba de la poolpería, no lo dejaba pasar. Lo admitamos, las vainillas están re out… re in en este caso. Miro la situación con una sonrisa irónica. Ok, necesito ayuda. Entro a la redacción, y sobre el tamaño de la gente, pienso en la confianza, y ahí estaba J, siempre tan buena onda y práctico para ayudar, le pido que venga. Y recomienza el agite a la máquina. Sin resultado y pensando en las diferentes maneras de agitar me dice, justo se trabó ahí y me señala lo que yo había observado un tiempo antes. La gente cuando no tiene que decir, dice ovbiadades, o ganzadas. En eso llega S con un tipo más, J es más bien chiquito, S es más bien flaquito, el “tipo más” tenía pinta de tipo que podía agitar más. Entre todos estos grandes caballeros empieza el agite más violento. Probemos levantando y tirando la máquina el impacto las agita más. Pac, Pac, Pac, nada. S, muy caballerosamente, después de haber hecho la observación de mira ahí se atascó, dice bueno probemos con un tercer paquete, quizás ahí empuje a los dos primeros, entre estos accionares había debates físicos y lógicos totalmente infundados, dije que estaba en una redacción?. Dos fichitas, gira el espiral, el tercer paquete empuja. El primer paquete se dobla ante la presión, pero no se quiebra, porque las vainillas no se quiebran, se deshacen, pero sólo en el chocolate que yo tomaba cuando era chiquita y decía tomar el té. Todo esto sirvió para ajustar más a vainilla 1, que se reusaba a quedar sóla y suspendida. La situación nos da gracia. El palo dice uno, no, ya pensamos en el palo decimos dos. En eso que S y el otro tipo se encontraban agitando por detrás la máquina, o acomodándola para dejar de intentar, llega F. ¿Ustedes qué hacen? Pregunta desconfiado mirándonos a J y a mí. De atrás sale S, se ríe y dice ahora todo tiene sentido. Se acerca. Mira la situación, y cual Kohala en árbol, F, que también es flaquito, se cuelga en la maquina, nada. Todo, chicles, caramelos, galletas, barras de cereales, TODO se movía, las vainillas no, la máquina, cual político con bolsón, nos tira unas mentitas, con un mensaje subliminar claro "ahí tienen, dejen de joder". Después de las los comentarios de esta atorada, y de que “ya alguien tiro esta máquina una vez”, que fue repetido por todos los que tenían más de un año ahí. S me dice, resignate Graciela, yo ya viví la situación de 5 boludos tratando de sacarla las galletitas que se le trabaron a una mina y no funcionó, come las mentitas. Ahí J decide que, perdido por perdido, iba a invertir su 1,50, a ver que pasaba, quizás el cuarto hacía que explote el vidreo? Era una opción demasiado estúpida como para no intentarlo. En ese momento llega M, cada persona era una pila más a este conejito Gump, que no tenía camino, pero que sabía correr. Con una contestura que demostraba que una máquina nunca se había quedado con sus vainillas, M se acerca y dice permiso, deja su cigarrillo, su botella. Y agita. Nada. Nos miramos, y S dice bueno al menos tratemos, es muy importante saber que uno hizo todo lo posible. Asentimos, nos miramos, miramos la máquina- con una sincronía envidiable en el mejor capitulo de friends-, y seguimos agitando. La gente que pasaba por el concurrido pasillo de los cafés, el agua, la comida- menos las vainillas- y los cigarrillos nos miraba. Antes de desistir, cuando todo lo bestia había sido hecho, decidimos llamar abajo para preguntar si venía el chico que ponía las golosinas. Ya se fue. De vuelta al trabajo, yo salgo a comprarme unas galletas a un quiosco en el que las moneditas me las trague la kiosquera porque no tiene cambio. Ante 15 minutos de pura caballerosidad, que puedo hacer más que comprarme unas Duquesas y ponerme a su nivel. Me siento de vuelta a trabajar, a los 15 minutos llegá S con una vainillas (por cierto la cuarta era la última de la máquina). Nos quedamos tomando un café al lado y de repente escuchamos que se caían cosas. Vamos a ver y el conserje tenía las 4 vainillas, le explicamos y quedamos dos para nosotros y dos para él. Me quedo una y te dejo esta. Finalmente con una sonrisa, digo gracias, me reí por un rato y tengo las vainillas. Un tiempito después se acerca J con cuatro fichas (más de lo que yo había invertido en realidad), y me dice fui a reclamar abajo y nos las devolvieron.
Ese jueves recibí un paquete de vainillas, varias fichas, y la mejor onda. Gracias.-